Historia de las cenizas
A las alturas encantadas fue llamado Tuukul, gran guerrero de los múulokes. Aquel que salvó al que más tarde sería el Tlatoani Kanek de un jaguar, aquel que sobrevivió al frente de tres guerras floridas, aquel que venció en justo combate a Xiba, el gigante. El hombre llamado "el Múulok protector", subió la ladera verde y escaló las rocas grises hasta llegar al hielo, la travesía lo llevo ahí, donde las nubes abrazan los muslos y el frío se cuela en la piel. Cuando hubo alcanzado la punta que rasga el cielo, dijo con voz respetuosa y potente "Heme aquí".
La nieve comenzó a hincharse con un eco atronador y tomó forma. Zigzagueando, alrededor del buen guerrero, salió de la nieve blanca una vasta serpiente color níveo, que medía lo mismo que tres árboles robustos, secos por la edad. La criatura mordió su cola y comenzó a devorarse hasta que sólo quedó la cabeza, entonces la quijada se abrió hacia atrás y se trasformó en un hombre; Tuukul nunca había visto una piel tan blanca, ni una barba tan dorada; la mirada azul clavada en el guerrero hizo que este se hincara con sus rodillas desnudas sobre la nieve, reconociendo a Batcoatl, el dios de la montaña y benefactor de su gente.
Cuando el hombre blanco habló, su voz fue intensa y silbante. Saludó al joven guerrero, lo reconoció como el mejor de su montaña, el más leal; le dijo que sólo a él podría conferirle tan importante faena. Honrado, Tuukul le pidió escuchar su deseo. Batcoatl le explicó que más allá de sus dominios existía un valle, luego de éste un lago y más allá una planicie bella, de grandes pastos: en ella habitaba un amigo suyo que le había prometido a su hija, Noíl, en matrimonio; le pidió, con toda su alma, que fuese por ella y la llevase hasta él. Tuukul inclinó su cabeza y aceptó. El hombre blanco se esfumó con una corriente helada.
La nieve comenzó a hincharse con un eco atronador y tomó forma. Zigzagueando, alrededor del buen guerrero, salió de la nieve blanca una vasta serpiente color níveo, que medía lo mismo que tres árboles robustos, secos por la edad. La criatura mordió su cola y comenzó a devorarse hasta que sólo quedó la cabeza, entonces la quijada se abrió hacia atrás y se trasformó en un hombre; Tuukul nunca había visto una piel tan blanca, ni una barba tan dorada; la mirada azul clavada en el guerrero hizo que este se hincara con sus rodillas desnudas sobre la nieve, reconociendo a Batcoatl, el dios de la montaña y benefactor de su gente.
Cuando el hombre blanco habló, su voz fue intensa y silbante. Saludó al joven guerrero, lo reconoció como el mejor de su montaña, el más leal; le dijo que sólo a él podría conferirle tan importante faena. Honrado, Tuukul le pidió escuchar su deseo. Batcoatl le explicó que más allá de sus dominios existía un valle, luego de éste un lago y más allá una planicie bella, de grandes pastos: en ella habitaba un amigo suyo que le había prometido a su hija, Noíl, en matrimonio; le pidió, con toda su alma, que fuese por ella y la llevase hasta él. Tuukul inclinó su cabeza y aceptó. El hombre blanco se esfumó con una corriente helada.
El joven guerrero se despidió de sus padres, alistó provisiones y partió. Pasaron tres días antes de que consiguiera salir del valle y al hallarse frente al lago ocupó un par de lunas en construir una resistente chinampa. Se embarcó pues, hacia la tierra del maíz dorado. A la mitad se encontró con el cocodrilo monstruoso, Sipaktlixachi, autoproclamado rey del lago. "¿A dónde vas, hombre de maíz?" preguntó Sipaktlixachi, buscando la mirada de Tuukul para hechizarlo, mas el guerrero astutamente desvió la mirada hacia la cola de la bestia y no le contestó. "Parece que no lo sabes, no importa, dime entonces. ¿Cuál es tu nombre?" movió sus escamas, tan grandes que parecían plumas de jade y buscó el rostro de Tuukul, quien sin embargo, siguió con la vista a la cola y una vez más, no contestó. "¿Quizá eres mudo?" preguntó conteniendo la ira en la voz queda pero gruesa, el rey del lago. "¿O quizá no confías en mí por alguna historia cruel e injusta que habla de Sipaktlixachi?", esta vez el cocodrilo se aproximó más a la balsa, lento, pero deliberadamente hostil. "Tan sólo una pregunta responde, te lo pido, guerrero de hielo. ¿Cuál es el nombre de tu señor?" Tuukul apretó las manos, y eso dio la pista final al enemigo. "¿O quizá eres un desterrado impuro?" Esta última pregunta alteró de tal forma a Tuukul que le gruñó y levantó la vista, entonces Sipaktlixachi azotó su cola sobre la balsa que quedó hecha añicos y se abalanzó con su cuerpo de roble en contra del valiente Tuukul en medio del lago. Dos días enteros luchó armado con lanza y escudo en contra del coloso que se sumergía en la oscuridad del agua, hasta que por fin, en la segunda alborada, logró perforarle la frente y el violento señor se hundió en las profundidades de su dominio.
Tuukul tomó tres maderos, restos de su chinampa, los unió como pudo, y continuó hacia su destino. Al llegar a la orilla se tendió una noche y el día lo utilizó para hacer una nueva balsa, digna de una princesa.
Llegó al destino sólo después de tres lunas. Llegó de noche y por cautela, esperó hasta el amanecer para presentarse en la ciudad.
Tuukul tomó tres maderos, restos de su chinampa, los unió como pudo, y continuó hacia su destino. Al llegar a la orilla se tendió una noche y el día lo utilizó para hacer una nueva balsa, digna de una princesa.
Llegó al destino sólo después de tres lunas. Llegó de noche y por cautela, esperó hasta el amanecer para presentarse en la ciudad.
Cuando la tierra se pintó de rojo, fue recibido por el rey Ocote, en nombre de su amigo, Batcoatl. Tuukul le dijo al rey los deseos de la serpiente de nieve y el aquél, no queriendo desprenderse de su hija, le propuso un reto al emisario: debía elegir uno de los tres brebajes que le daría; si su viaje era auspiciado por los dioses, podría pasar el reto sin problema alguno.
"Tenemos aquí tres recipientes con tres pócimas distintas" dijo la hechicera que mandó traer el rey ", una de ellas es sólo licor de agave, otra es un veneno que terminaría tu viaje aquí mismo, la ultima contiene un brebaje que tornará tortuosa tu tarea".
Dejándose guiar por el instinto, Tuukul tomó el tercer vaso y lo bebió, se mantuvo en pie, y por fin se le admitió ver a la princesa Noíl. Sin embargo, lo que nadie supo, debido a la gran paciencia y control del guerrero, fue que no tomó el veneno, pero tampoco el mezcal: lo que bebió fue un brebaje de amor.
El rey despidió a la princesa Noíl con dulces palabras, con ellas los hijos del maíz se embarcaron de regreso hacia la tierra de la serpiente blanca.
Tuukul y Noíl pasaron por el lago, ella lo observó combatir contra seis monstruos y él fue alabado por la mujer que amaba. Tales logros consiguieron un beso que se transformó en pasión. Ambos quedaron prendados el uno del otro.
Continuaron su viaje durante treinta lunas. "Los dioses son celosos" le dice Tuukul a Noíl. "La serpiente blanca podría destruir mi aldea en un arrebato, yo no sería capaz de cargar con la sangre de mis hermanos a la espalda."
Pasaron el trayecto entero concibiendo planes complicados, explicaciones convincentes, suplicas poderosas. Ninguna fue lo suficientemente realista. La princesa le pide a su amado que no la entregue. Él la observa y luego a la montaña que a lo lejos ya es presente en el horizonte. Mira la piel dorada de Noíl, su cabello negro y largo, su nariz perfilada, sus ojos castaños como la madera, sus caderas, sus hombros, su rostro suplicante; cierra los ojos: aparece su padre, su madre, su hermano, la mujer que pasea por las tardes en la plaza y siempre lo saluda con respeto, su aprendiz que lo admira tanto como a un padre, los niños de sus compañeros que han muerto a su lado y no pudo salvar, los mismos que juró proteger con su vida. Al abrir los ojos nuevamente está Noíl, pero en cada parpadeo aparece su villa. Tuukul es un escudo que no sabe que brazo proteger.
Descansan en un claro.
"Esta noche tocaré tu cabello. Me aferraré a tu cintura como el cielo se aferra a los rayos del sol. Tocaré tus pechos y posaré mi nariz en tu cuello. Con mi mano enviaré al inframundo tu conciencia mientras con mi boca te aferro a esta Tierra, dejándote colgar de mí, de la vida. Esta noche tocaré tu ombligo, dibujaré sobre él nuestra desnudez, haré que nazcamos nuevamente. Esta noche mi sol atardecerá sobre tu valle claro. Haré a un nuevo gran guerrero nacer de mi diosa verdadera."
"Y yo cobijaré a tu descendencia" dice ella ", yo besaré tus parpados y sostendré tu cuerpo sobre mí, así como las montañas sostienen las estrellas. Yo tendré tu cuerpo en mis profundidades. Yo seré tuya, tuya por siempre."
"Esta noche escaparemos del mundo, el mundo no importa esta noche. La mañana no llegará, estaré contigo y lo demás será un tiempo aparte."
"Yo te beso"
"Yo te toco"
"Yo te recibo"
"Yo estoy en ti"
Y los dos así se dicen el amor, sin tocarse, cada uno a un lado de la hoguera.
Esa mañana, Noír conoce al hombre blanco, quien encantado la recibe; mira furioso a su guerrero favorito. Noír lo convence de que el viaje ha sido largo y por su delicadeza han tenido que parar a tomar aliento; dice también que el guerrero ha sido noble y responsable, le pide que calme su furia, la serpiente se torna comprensiva, le da favores a Tuukul y ordena a la cosecha crecer grande y nutritiva, mejor que nunca antes. Batcoatl vuelve a la princesa una diosa y la abraza; sin embargo, Tuukul se calva un filoso pedazo de obsidiana en el estomago y con él se rasga hacia arriba. Perece.
Noír observa al noble guerrero que ha dado su última batalla, empuja al dios y corre hacia su amado, ya no puede salvarle. Toma el filo que le ha dado muerte y comienza a atacar a su propia piel, pero los dioses no mueren. Al comprenderlo se llena de lagrimas y se arroja al fondo de la montaña, descuartizándose.
El dios se asoma por el borde de la montaña y mira a su esposa muerta, sus fragmentos se han transformado en flores; dedica a los pétalos una triste mirada, entonces se dirige hacia su protegido. Lo abraza y no consigue contener las lágrimas. La montaña explota, se vuelve un volcán, y todo bajo él queda sepultado en lava: los padres de Tuukul, los niños, los viejos, las mujeres, ambas esposas, los hermanados, los guerreros.
Al ver su error, el dios blanco ha decidido dormir para siempre. Pero de vez en cuando sus pesadillas lo hacen gritar con humo, entonces un Shamán atrae con un tambor a los nuevos habitantes y exclama: "Acérquense hermanos a escuchar, la historia del pueblo de antaño que bajo nosotros duerme, pues esta leyenda que voy a contar podría ahorrarles las heridas que atraen los deseos. Acerquen a los niños inexpertos y a los viejos que puedan corregirme."
"Tenemos aquí tres recipientes con tres pócimas distintas" dijo la hechicera que mandó traer el rey ", una de ellas es sólo licor de agave, otra es un veneno que terminaría tu viaje aquí mismo, la ultima contiene un brebaje que tornará tortuosa tu tarea".
Dejándose guiar por el instinto, Tuukul tomó el tercer vaso y lo bebió, se mantuvo en pie, y por fin se le admitió ver a la princesa Noíl. Sin embargo, lo que nadie supo, debido a la gran paciencia y control del guerrero, fue que no tomó el veneno, pero tampoco el mezcal: lo que bebió fue un brebaje de amor.
El rey despidió a la princesa Noíl con dulces palabras, con ellas los hijos del maíz se embarcaron de regreso hacia la tierra de la serpiente blanca.
Tuukul y Noíl pasaron por el lago, ella lo observó combatir contra seis monstruos y él fue alabado por la mujer que amaba. Tales logros consiguieron un beso que se transformó en pasión. Ambos quedaron prendados el uno del otro.
Continuaron su viaje durante treinta lunas. "Los dioses son celosos" le dice Tuukul a Noíl. "La serpiente blanca podría destruir mi aldea en un arrebato, yo no sería capaz de cargar con la sangre de mis hermanos a la espalda."
Pasaron el trayecto entero concibiendo planes complicados, explicaciones convincentes, suplicas poderosas. Ninguna fue lo suficientemente realista. La princesa le pide a su amado que no la entregue. Él la observa y luego a la montaña que a lo lejos ya es presente en el horizonte. Mira la piel dorada de Noíl, su cabello negro y largo, su nariz perfilada, sus ojos castaños como la madera, sus caderas, sus hombros, su rostro suplicante; cierra los ojos: aparece su padre, su madre, su hermano, la mujer que pasea por las tardes en la plaza y siempre lo saluda con respeto, su aprendiz que lo admira tanto como a un padre, los niños de sus compañeros que han muerto a su lado y no pudo salvar, los mismos que juró proteger con su vida. Al abrir los ojos nuevamente está Noíl, pero en cada parpadeo aparece su villa. Tuukul es un escudo que no sabe que brazo proteger.
Descansan en un claro.
"Esta noche tocaré tu cabello. Me aferraré a tu cintura como el cielo se aferra a los rayos del sol. Tocaré tus pechos y posaré mi nariz en tu cuello. Con mi mano enviaré al inframundo tu conciencia mientras con mi boca te aferro a esta Tierra, dejándote colgar de mí, de la vida. Esta noche tocaré tu ombligo, dibujaré sobre él nuestra desnudez, haré que nazcamos nuevamente. Esta noche mi sol atardecerá sobre tu valle claro. Haré a un nuevo gran guerrero nacer de mi diosa verdadera."
"Y yo cobijaré a tu descendencia" dice ella ", yo besaré tus parpados y sostendré tu cuerpo sobre mí, así como las montañas sostienen las estrellas. Yo tendré tu cuerpo en mis profundidades. Yo seré tuya, tuya por siempre."
"Esta noche escaparemos del mundo, el mundo no importa esta noche. La mañana no llegará, estaré contigo y lo demás será un tiempo aparte."
"Yo te beso"
"Yo te toco"
"Yo te recibo"
"Yo estoy en ti"
Y los dos así se dicen el amor, sin tocarse, cada uno a un lado de la hoguera.
Esa mañana, Noír conoce al hombre blanco, quien encantado la recibe; mira furioso a su guerrero favorito. Noír lo convence de que el viaje ha sido largo y por su delicadeza han tenido que parar a tomar aliento; dice también que el guerrero ha sido noble y responsable, le pide que calme su furia, la serpiente se torna comprensiva, le da favores a Tuukul y ordena a la cosecha crecer grande y nutritiva, mejor que nunca antes. Batcoatl vuelve a la princesa una diosa y la abraza; sin embargo, Tuukul se calva un filoso pedazo de obsidiana en el estomago y con él se rasga hacia arriba. Perece.
Noír observa al noble guerrero que ha dado su última batalla, empuja al dios y corre hacia su amado, ya no puede salvarle. Toma el filo que le ha dado muerte y comienza a atacar a su propia piel, pero los dioses no mueren. Al comprenderlo se llena de lagrimas y se arroja al fondo de la montaña, descuartizándose.
El dios se asoma por el borde de la montaña y mira a su esposa muerta, sus fragmentos se han transformado en flores; dedica a los pétalos una triste mirada, entonces se dirige hacia su protegido. Lo abraza y no consigue contener las lágrimas. La montaña explota, se vuelve un volcán, y todo bajo él queda sepultado en lava: los padres de Tuukul, los niños, los viejos, las mujeres, ambas esposas, los hermanados, los guerreros.
Al ver su error, el dios blanco ha decidido dormir para siempre. Pero de vez en cuando sus pesadillas lo hacen gritar con humo, entonces un Shamán atrae con un tambor a los nuevos habitantes y exclama: "Acérquense hermanos a escuchar, la historia del pueblo de antaño que bajo nosotros duerme, pues esta leyenda que voy a contar podría ahorrarles las heridas que atraen los deseos. Acerquen a los niños inexpertos y a los viejos que puedan corregirme."